Si quizás, lo único que queríamos era ser amados.
Pero el destino, que nada lo cura, ha llevado nuestras almas a pertenecer a otro lugar, a estar lejos y sin conexión. Y a veces, cuando estas cosas pasan, tienen remedio.
Pero a veces, cuando no tienen remedio, no queda más que llorar. Y es entonces cuando uno se pregunta: carajo, ¿qué estoy haciendo acá?
No hay respuesta, pues no hay contemplaciones. Pero tampoco la hay, pues la respuesta es la misma pregunta. ¿Por qué estoy preguntándome esto?
Y hagamos lo que hagamos, ya nada será igual. Pues el camino recorrido, arduamente o no, ha sido desaprovechado. Y las historias vividas, y los recuerdos, y las risas y las lágrimas, han sido vertidas en el manantial del no amor.
Y quizás la única esperanza que nos queda sea el destino, ese que quiso separarnos. Quizás la esperanza, sea hoy creer que nuestras almas volverán a juntarse, pues así está escrito...